sábado, 14 de mayo de 2011

Ideas en fuga

Pasión, conocimiento y memoria en la teoría de la imagen de Aby Warburg

Una imagen vale más que mil palabras. En este caso no, el enigma sigue siendo un enigma.

Artículo descatalogado, fuera de tiempo y que llega aquí fruto de un ejercicio de arqueología papelera. Unos garabatos inconexos ilustrarían mejor que estas líneas la conferencia que aquel 4 de marzo regaló los oídos de los asistentes. Pero al menos sirvió esta charla sobre el Atlas Nemosyne de Warburg, a la que nos convocó el Museo Nacional centro de arte Reina Sofía, como escarmiento por nuestra osadía en ser eruditos doctos antes de ser graduados.

En aquella torre de babel de las lenguas, en la que hasta los traductores perdían el hilo de la conversación, se hablaba de cosas que nos desbordaban, para las que no estábamos preparados y nos resultaban incomprensibles. Hablamos de un intento frustrado, pero también interesante. Hablamos de saber que no todo se puede (al menos de momento, y probablemente nunca) y que esto ocurra tampoco es tan grave.

Los que allí platicaban comentaban la dimensión del Atlas, conversaban sobre la biblioteca de Warburg, la arqueología visual del saber y el pensamiento icónico. Citaban a Kant diciendo que "las imágenes orientan el mundo". Y más elementos icónicos, y más Atalantes actuando como mediums, que si la causa y la consecuencia... La idea central caló, pero no mucho, y venía a ser que las imágenes configuran el mundo, "la sostenibilidad del mundo a través de las imágenes". O algo así.

Algo quedó claro en aquella conferencia que tenía por sobrenombre ¿Cómo llevar el mundo a cuestas? Hay veces que por mucho que lo intentes no, si es que no, es que no.

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