sábado, 11 de junio de 2011

Conferencia de Ramón Lobo

     
"Nuestro trabajo no es que los políticos nos quieran" 

El aforo de un colegio sanlorentino se quedaba pequeño para acoger a los interesados en la conferencia, promovida por Amnistía Internacional, que daba el periodista Ramón Lobo. A priori, comentar una charla que tuvo lugar hace casi un mes, cuatro días después del 15-M, dice poco de este artículo. No es un ejemplo de noticia que presuma de ser de rabiosa actualidad. Aunque, he de decir en mi defensa, que esta entrada necesitaba más reposo que otras. 

    Pero el mensaje que alumbró a los que se pasaron por San Lorenzo del Escorial aquel día tiene la vigencia y el valor para persistir tres semanas más tarde, y más allá. Hablaremos, a continuación, de lo que trató este reportero especializado tanto en guerras televisadas como en las contiendas más olvidadas. Uno de los encargados de "poner en el mapa los conflictos, para que otros puedan salvarlos". Bregado en mil batallas el contenido de sus palabras aquel 19 de mayo tocaban un tema espinoso: el Periodismo.

    Soy incapaz de introducir a Ramón Lobo mejor que como él mismo hace en su blog, bitácora personal muy recomendable. Pero algunas pinceladas para presentarlo son necesarias. "Me falta pelo para hacer cosas raras", dice intentando esquivar cualquier sambenito erróneo de los muchos que le cuelgan. Reside desde niño en España, ha sido enviado especial a todo lugar en el que ha habido enfrentamiento y ha desarrollado su actividad como periodista en muchos medios, entre los que destaca El País. Es, por tanto, una voz autorizada para hablar del estado del Periodismo a día de hoy.

    Es crítico y escéptico, que no pesimista, sobre los derroteros que está tomando este noble arte de contar lo que sucede. El dinero tiene demasiado peso en el Periodismo actual. "Es más sincero cuando no hay contrato que firmar", diría Quique Gonzalez. Y es que los medios necesitan modelos económicamente más viables que sustituyan a los que ya han quedado obsoletos. Internet, ese ágora digital que pese a intentar abarcarlo todo aún se le escapan muchas realidades, obliga a replantearse la estructura hasta ahora vigente. Sería interesante fijarse en el tránsito que ha hecho la televisión. Si quieres calidad has de pagarla. Es triste que hayamos llegado al punto en que hacer buen Periodismo no resulta rentable. Y, sin embargo, se puede contar lo que pasa en el mundo en 140 caracteres, y que la gente le dé crédito.

"Nosotros compramos humo y lo titulamos"

    Y en cuestiones morales tampoco anda mejor el asunto. A la prensa, la radio, la televisión, Internet como continente de los anteriores, se les han inoculado virus propios de la política. Reina el Periodismo declarativo en el que las preguntas en las ruedas de prensa se han convertido en la excepción. "Las historias reales no se encuentran yendo en coche oficial", reprocha el Lobo a quienes no dan en la tecla para mostrar lo que debe de ser noticia. Pero todo esto forma parte del fariseísmo de los medios, que él mismo ejemplifica de manera muy gráfica, "nosotros (los periodistas) compramos humo y lo titulamos". "Todo esto se ha ido pudriendo", resumiendo.


    Pero aquí no solo falla el informador. El espectador tiene su culpa. Es pasivo, permisivo y permeable a cualquier información, sea de quien sea. Internet, un invento incluso más trascendente que la imprenta aventura Ramón, crea un caos que todavía no se ha resuelto. Pero que, hasta ahora, deja un panorama en el que en los medios se impone un discurso de poca calidad. Y "nos dirigimos a un mundo en el que vamos a dejar de pensar".


    Pero basta ya de narrar el apocalípsis, el colapso de la industria periodísitca, su destino inicerto, el papel de Internet en este cataclismo y la obsolescencia de los modelos económicos actuales. Que no cunda el pánico que la catarsis no se consuma. Citando a Alfonso Rojo tranquilizaba a los periodistas jóvenes, aún idealistas, diciendo:

"Aunque el Periodismo esté fatal, y nos vayan a fusilar a todos, mejor no ser otra cosa".

PD: La contagiosa agitación de Sol me (nos) hizo abandonar con premura la sala, cuando solo habían pasado 45 minutos. Aún así fue tiempo suficiente para excitar mi (nuestras) ingenua (s) conciencia (s). Hago (hacemos) propósito de enmienda para en la siguiente charla quedarme (nos) hasta el final. Hasta entonces a seguir su blog donde diariamente varea el olivo de la ciudadanía intentando despertar al inconfarmista que llevamos dentro.



Reflexión final/Introducción al texto:


El ejercicio de la palabra requiere de la reflexión, que se da la mano del tiempo. Ha pasado poco tiempo desde que empecé a re-pensar por mí mismo, siempre tomando precauciones y con la moderación necesaria. Observo que me queda mucho por aprender. Esto explica el uso que hago de esta tribuna. Sirve como micrófono abierto a quien, persona u obra, merece mi admiración, despierta en mí interés. Sabe más que yo. 


Por eso para este artículo, más que en ningún otro, he tomando las palabras de otro, que comparto y cojo prestadas, antes que exponer mis incipientes, y poco maduras, ideas. Miríadas faltan para que conozca lo suficiente como para dar mi opinión, suficientemente formada y sin mediador clarividente. Poliki, poliki.

Texto: Juan P. Torres.
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