domingo, 29 de noviembre de 2015



La locuela de Tere puede parecer arrogante cuando te escruta desde su altura -media, mestiza entre raza caucásica y mediterránea- con una suficiencia que no esperas cuando ni ha llegado a las veinte primaveras. Alejandro, pues rara vez le llamo Alex, sugiere por la composición desgarbada de su figura que ha salido hace poco del hospital, tras haberse recuperado de la tuberculosis. Tal vez esquivo a tus miradas, a tus invitaciones para entablar conversación, apocado.

Una detrás de la cámara y el otro delante son los artífices de este corto. Literatura, reflexiones meditadas y el ritmo pausado son algunas de las señas de esta interesante incursión en el audiovisual; donde tampoco falta la música.
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